Hablando con algunas personas me he enterado que al entrar al blog, no pueden dejar comentarios. Eso es debido a que el blog no permitía "comentarios anónimos" sino de personas registradas. Ya lo solucioné en las opciones de comentarios, así que, si desean dejar un comentario "anónimo" pueden hacerlo, aunque me gustaría mucho que lo firmaran con su nombre y así saber a quien agradecer.
Muchas Gracias.
La Gerencia
martes, 5 de junio de 2007
lunes, 4 de junio de 2007
Conversación con el Padre Querol

Fragmento tomado de la Novela Falke, de Federico Vegas
...... Mi usual discurso religioso siempre arrancaba negando a Dios, y lo hacia con cierto orgullo. Esa noche en Cumanacoa comencé por confesar lo mucho que sufria por mis crecientes dudas. Las fuí enumerando y describiendo, y Querol, lejos de iniciar convencimientos dogmáticos, me sacudió aún mas el alma al exclamar: ¡que casualidad Rafael! ¡son las mismas dudas que tengo yo!. Las suyas eran las de un creyente y las mias las de un descreído. Siendo las mismas, no sabía como plantear mis preguntas: si decir: "¿usted cree?" o "¿usted duda?". Opté por la primera versión: -¿usted realmente cree en Dios, en la castidad de la Virgen, en la divinidad de un hombre, en todas esas cosas?.
-No le puedo dar garantías sobre "todas esas cosas". Perdí años y horas pensando en ese "creer" tan exigente y abstracto. Ahora creo en algo mucho mas importante y palpable: creo en mi decisión. Dios existe porque así lo he decidido.
-¿Y porqué tomó esa decisión?
-Pues porque me gusta. ¿Acaso no sabe que ese es el comienzo de toda creencia?
-¿Y que pasa en los dias en que no le gusta?
-¿Entonces es cuando soy un verdadero sacerdote. Cuando Dios me llena de gracia soy la mas plácida y jubilosa de sus criaturas. Otras veces se me extravía el placer de estar con Dios y entonces me convierto en un disciplinado soldado que se mortifica y cumple con sus sagradas obligaciones. Es muy duro pero al menos soy un actor haciendo el papel que mas respeta en la vida y, como todo gran actor, debo entregarme totalmente a mi arte. Elegir Rafael, elegir todos los dias. Este oficio es un eterno elegir que jamas claudica.
..... y cuénteme Rafael, ¿como anda su cristianismo?
-Hace unos cinco años que no me confieso.
-¿Como así? ¿y que hay de lo que hemos estado hablando en estos dias?
-Eso no ha sido una confesión - contesté como un perfecto tonto
-Ni yo estoy por darle la absolución. No hace falta apartar tanto la religión de la vida. Confesarse no es solo enumerar pecados a un sacerdote, basta con compartir nuestros secretos y sufrimientos.
-Digamos entonces que hace cinco años que no comulgo-
El padre Querol no contesta. Sirve vino en mi copa y me la ofrece con seriedad, mientras dice:
-Le aseguro, Rafael, que la última cena ocurrió en una mesa como esta. Habia madera, hombres sentados, copas y vino, ninguno de estos cuatro elementos ha cambiado a través de los siglos. En esa primera comunión nadie pensó: "¡Caramba! ¡que extraordinario! ¡estamos comulgando!". Hay quienes se dedican a celebrar las diferencias; yo intento encontrar las semejanzas con las cosas que hacemos todos los dias.
...... Mi usual discurso religioso siempre arrancaba negando a Dios, y lo hacia con cierto orgullo. Esa noche en Cumanacoa comencé por confesar lo mucho que sufria por mis crecientes dudas. Las fuí enumerando y describiendo, y Querol, lejos de iniciar convencimientos dogmáticos, me sacudió aún mas el alma al exclamar: ¡que casualidad Rafael! ¡son las mismas dudas que tengo yo!. Las suyas eran las de un creyente y las mias las de un descreído. Siendo las mismas, no sabía como plantear mis preguntas: si decir: "¿usted cree?" o "¿usted duda?". Opté por la primera versión: -¿usted realmente cree en Dios, en la castidad de la Virgen, en la divinidad de un hombre, en todas esas cosas?.
-No le puedo dar garantías sobre "todas esas cosas". Perdí años y horas pensando en ese "creer" tan exigente y abstracto. Ahora creo en algo mucho mas importante y palpable: creo en mi decisión. Dios existe porque así lo he decidido.
-¿Y porqué tomó esa decisión?
-Pues porque me gusta. ¿Acaso no sabe que ese es el comienzo de toda creencia?
-¿Y que pasa en los dias en que no le gusta?
-¿Entonces es cuando soy un verdadero sacerdote. Cuando Dios me llena de gracia soy la mas plácida y jubilosa de sus criaturas. Otras veces se me extravía el placer de estar con Dios y entonces me convierto en un disciplinado soldado que se mortifica y cumple con sus sagradas obligaciones. Es muy duro pero al menos soy un actor haciendo el papel que mas respeta en la vida y, como todo gran actor, debo entregarme totalmente a mi arte. Elegir Rafael, elegir todos los dias. Este oficio es un eterno elegir que jamas claudica.
..... y cuénteme Rafael, ¿como anda su cristianismo?
-Hace unos cinco años que no me confieso.
-¿Como así? ¿y que hay de lo que hemos estado hablando en estos dias?
-Eso no ha sido una confesión - contesté como un perfecto tonto
-Ni yo estoy por darle la absolución. No hace falta apartar tanto la religión de la vida. Confesarse no es solo enumerar pecados a un sacerdote, basta con compartir nuestros secretos y sufrimientos.
-Digamos entonces que hace cinco años que no comulgo-
El padre Querol no contesta. Sirve vino en mi copa y me la ofrece con seriedad, mientras dice:
-Le aseguro, Rafael, que la última cena ocurrió en una mesa como esta. Habia madera, hombres sentados, copas y vino, ninguno de estos cuatro elementos ha cambiado a través de los siglos. En esa primera comunión nadie pensó: "¡Caramba! ¡que extraordinario! ¡estamos comulgando!". Hay quienes se dedican a celebrar las diferencias; yo intento encontrar las semejanzas con las cosas que hacemos todos los dias.
domingo, 3 de junio de 2007
Carta de Amor a Venezuela

Esta es la Carta de Amor a Venezuela, quedó entre las 10 primeras de más de 6000 Cartas enviadas al concurso de Montblanc.
Nota de Gavilan: La fotografía es el Salto Angel, tomada por mi pana José F. Mata I.
Querida,
Te conocí por esas cosas del destino...
Fuiste tú, precisamente tú y no otra cualquiera, quien me recibió con su abrazo de mar y tierra cuando fui arrojada a la vida sin preguntas, sin sondeos, sin acuerdos. No importó, tú estabas allí.
Recuerdo con emoción, cuando a mis 9 años, me regalaste mi número de cédula, ¡qué detalle! ¡Qué regalo único para mí! Lo guardaré toda mi vida como un tesoro... Vino acompañado por mi foto de niña con aquella pollina que cortinaba mis ojitos y por aquel jeroglífico juguetón de mi primera firma, orgullosa y oronda, que se extendía debajo de mi color de ojos, de mi estado civil y de mi nombre generoso en letras amables para el oído de estas tierras.
Pero nada como recordar la sensación alucinante de ser tuya aquella vez que en el primer censo de mi vida, tú me contaste como 1, yo estaba allí, metida feliz e inocente en las entrañas de aquel número grandote que le regalaste a los ávidos estadísticos, acompañada por millones de otros unos y unas.
Y fui creciendo, descubriéndote y haciéndote mía a su vez: Primero fue tu lengua, tu lengua única, tu osadía y manifiesto de que un idioma común nos separaba (y nos separa) del resto de los hablantes oficiales del castellano:"Chévere" , "vaina", "bicho", "coroto", "ladrar", "épale", "pana", "chamo","pelúo", "melao", "coñazo", "cambur", "vergatario"... fueron palabras que coleaste temprano en mi diccionario con esa complicidad tuya que te caracteriza y que me derrite con sus guiños. Te adoro Chama...
Y por la boca, además de la palabra, me diste luego el deleite de manjares exóticos, eclécticos, traviesos: la arepa bivalva capaz de ofrecer como perla cualquier delicia que quepa adentro, las hallaquitas amarradas y con instinto de libertad, diversas en el sello del chicharrón, el ají y la nada repleta de potencialidades; ni hablar de la cachapa que lagrimea de alegría gotas de mantequilla dispuestas a arrejuntarse con el queso de mano o guayanés, las negritas refritas y brinconas, las tajadas dulces y fieles, la carne con sus mechas al viento y la hallaca, la reina absoluta de los sabores, la que no pela un diciembre y nos descubre adictos cuando no la tenemos.
El ron, la rumba, las frías, la salsa adobando las caderas, los panas, la familia y los panas de la familia también, y los panas de los panas y así sucesivamente. .. así tú, toda tú.Y ese verde amazónico y húmedo, y ese azul espumado en tu orilla, y ese blanco de copo en tus cimas, y ese negro de tu oro profundo, y el marfil de tus dunas inquietas, y esa tú, toda tú.
Y hablando de colores querida ¡si que has cambiado últimamente! te has vuelto bipolar, te pones roja, te pones azul ¡y morada con la mezcla! Desde que me enamoraste y te conozco, has ido creciendo en número, en colores, en símbolos, en estrellas, en puntas, en extremos, en experimentos, en ganas,en contradicciones, en sueños, en odios y también en amores, en créditos, en carros, en muertes y también en nacimientos. El asfalto de tus vías se ha llenado de pasos que marchan tras el sueño de vivirte próspera y segura para todos: unos para allá, otros para acá... sordos todos de tanto oirse sin escucharse, ciegos de tanto verse sin observarse y mudos de tanto gritarse sin hablarse.
Y en realidad yo no sé bien por qué hoy te digo todo esto; tal vez lo que pasa -aunque suene ridículo- es que te quiero, te sigo queriendo con tus luces y tus sombras, con tus eclipses, tus noches y amaneceres, con todos tus colores y colorcitos, te quiero con mis miedos y esperanzas, con mis talentos para darte y mis ganas de quedarme a tu lado para no tener que buscarte luego en otros supermercados, en unos pocos días de verano, en los apellidos de una guía telefónica, en internet, en los noticieros, en el acento, en las conversaciones, en los rincones, en todas partes... Te quiero grande, pertenecida y perteneciente, te quiero, mi Venezuela.
Luisa Elena Sucre
Luisa Elena Sucre
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